Publicaciones de la categoría: Justicia social

La biodiversidad en las zonas áridas ayudaría a amortiguar los efectos del cambio climático

Este estudio forma parte de un proyecto más amplio del INTA denominado “Monitoreo Ambiental para Regiones Áridas y Semiáridas (MARAS)” conducido por investigadores de la Estaciones Experimentales localizadas en Bariloche, Esquel, Trelew,  Río Gallegos y Viedma. A través del proyecto MARAS se instalaron 350 parcelas desde Tierra del Fuego hasta el norte de Neuquén, en las cuales se monitorearán indicadores del suelo y la vegetación a largo plazo. La red MARAS fue diseñada e instalada en el marco del Proyecto GEF “Manejo Sustentable de Ecosistemas Áridos y Semiáridos para el Control de la Desertificación en la Patagonia”.

http://inta.gob.ar/documentos/la-biodiversidad-en-las-zonas-aridas-ayudaria-a-amortiguar-los-efectos-del-cambio-climatico/

La Voz del Viento. Mapuches contra la contaminación petrolera. Parte 2

La Voz del Viento. Mapuches contra la contaminación petrolera. Repsol. YPF. Parte 2
Producido por Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales INCAA.
Producción Ejecutiva Línea Sur Films.
http://www.lineasurfilms.com.ar
Dirección Paulo Campano.

La Voz del Viento. Mapuches contra la contaminación petrolera. Parte 1

La Voz del Viento. Mapuches contra la contaminación petrolera. Repsol. YPF. Parte 1
Producido por Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales INCAA. Argentina
Producción Ejecutiva Línea Sur Films.
http://www.lineasurfilms.com.ar
Dirección Paulo Campano.

La memoria de la lluvia. Memoria histórica Mapuche. Parte 2

La memoria de lluvia es un proyecto documental que rastrea la memoria histórica indígena a partir de las voces del Pueblo Mapuche en la Patagonia Argentina. Voces dispersas, silenciosas, olvidadas, que resurgen a través de diversos caminos, pero que coinciden en un punto: la necesidad de la organización indígena. Esta propuesta documental se sustenta en la posibilidad de aportar desde lo artistico herramientas para la comprensión y difusión del proceso histórico vivido por el pueblo Mapuche.

La memoria de la lluvia. Memoria histórica Mapuche. Parte 1

La memoria de lluvia es un proyecto documental que rastrea la memoria histórica indígena a partir de las voces del Pueblo Mapuche en la Patagonia Argentina. Voces dispersas, silenciosas, olvidadas, que resurgen a través de diversos caminos, pero que coinciden en un punto: la necesidad de la organización indígena. Esta propuesta documental se sustenta en la posibilidad de aportar desde lo artistico herramientas para la comprensión y difusión del proceso histórico vivido por el pueblo Mapuche. Este documental fue filmado en la Patagonia Norte, en la provincia de Río Negro, en las localidades de Viedma, Jacobacci, Anekón Grande, Las Aguadas, El Bolsón, Paso Córdova, Río Chico, Valcheta, Maquinchao, Yaminué y en otros lugares de la Línea Sur de la provincia.
La realización de esta película fue posible gracias a la participación de Hermenegildo “Chacho” Liempe, Jacinto Ñancufil y su nieto Nahuel, Regino Tripailaf y Florentino Uircapán. También participaron Felisa Torres, Don Quinchafil, la Comunidad Prafil, el Consejo de Desarrollo Comunidades Indígenas (CODECI), Centro Mapuche y el Consejo Asesor Indígena (CAI) y Alejo Schatzky.

La vida en el desierto. Mendoza

Miércoles, 4 de julio de 2012
Diálogo con Laura Torres, doctora en Antropología social, laboratorio de desertificación y ordenamiento territorial

Sobre la vida en el desierto

El Jinete Hipotético cabalga por el desierto hasta el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas donde mantiene un diálogo sobre las formas de vida y los intercambios productivos entre el desierto y los oasis mendocinos.
Por Leonardo Moledo
Desde Mendoza
–Usted trabaja en desertificación.
–Sí.
–¿Y qué hace un antropólogo social trabajando en desertificación?
–La idea fue poder interrogarse acerca de por qué la gente actúa como actúa frente a los recursos naturales, es decir, no dar por sentado que la gente actúa mal porque quiere, que la gente depreda porque quiere, sino intentar comprender desde qué marco está actuando de determinado modo. Entonces empecé a trabajar con Elena Abraham con las comunidades del desierto de Lavalle, en Mendoza, y empezamos a ver cómo se componían estas comunidades domésticas, cómo resolvían sus ingresos y su reproducción social. Y las conclusiones empiezan a señalarnos muy fuertemente que la desertificación está ligada a la pobreza, pero no sólo ligada, sino que la pobreza es causa de desertificación, que la desertificación se entiende como consecuencia de dinámicas sociales de un peso muy profundo y que en parte las dificultades que tiene la gente para definir su reproducción social explican cómo se comportan con respecto a los recursos.
–Hay una historia, que es la historia de la leña: cada vez hay que ir a buscarla más lejos, porque se consume a una tasa muy superior a su reposición. Eso acentúa la pobreza. ¿Qué otros mecanismos hay?
–Si nosotros observamos el área con una perspectiva histórica, vamos a ver que hay recursos naturales que son altamente valorados por los grupos dominantes, básicamente por los oasis mendocinos. El tema de la leña se puede explicar por el consumo doméstico, pero más se explica por una explotación extrarregional, que taló el bosque y lo diezmó. La gente del área era contratada como masa asalariada pobre. En la actualidad, esa misma dinámica de funcionamiento (gente que viene de afuera, extrae las riquezas y se las lleva afuera, perpetuando la pobreza) se sigue dando. Lo que pasa es que se da cada vez con recursos más degradados. Lo que nosotros decimos es que hay dos mecanismos de transferencia de valor del desierto al oasis. Uno es por la vía de los recursos naturales (en este momento, el guano) y la otra es por la vía de la mano de obra.
–¿Por qué?
–Lo que queda en la zona son pasturas y cabras. Las cabras producen guano, que es utilizado por la industria vitivinícola como abono. De alguna manera, el tener alto número de animales tiene que ver con que de esta forma se extrae guano, que es el primer ingreso de la zona. No la venta de cabritos, ni el turismo, ni las artesanías. Eso significa que hay que mantener alto el número de los rodeos. En términos más simples: el oasis sigue extrayendo recursos naturales bajo la forma de guano, extrae pasturas convertidas en guano que se usan en el oasis, que a su vez exporta vinos. El otro mecanismo es la mano de obra: la gente de la zona se contrata en las actividades de cosecha, y esto constituye un ingreso importante. Lo que pasa es que la persona vive y se reproduce todo el año en la unidad doméstica, por medio de la venta del guano, el chivo, etc., y por cinco semanas es contratado en las actividades de viña. A precios bajos…
–Y ni hablar de los derechos sociales…
–Y lo que se encuentra entonces es trabajo infantil, y cada vez más condiciones de precariedad social. Tenemos niños que viven en el desierto, que en las ocho semanas que dura la cosecha se contratan como mano de obra infantil en empresas que a su vez son exportadoras de ajo, de papa, de vino. Estos niños llenan los requerimientos de mano de obra. En síntesis: las dinámicas de relación desigual entre los oasis y los desiertos, lejos de atenuarse, se profundizan con el tiempo. Y el desierto es cada vez más pobre porque cada vez tiene menos que ofrecer, tiene recursos cada vez más degradados.
–Y además se degrada el suelo, ¿no? Usted trabaja sobre Mendoza, y en cierta forma Mendoza es un desierto.
–No en cierta forma. Mendoza es un desierto. Que tiene oasis, pero no deja de ser un desierto en un 96 por ciento.
–Usted explicó el mecanismo. La pregunta es si hay una solución para ese mecanismo.
–La solución es compleja en la medida en que depende de fuerzas que no controlamos. Cuando nosotros hablamos de participación social, tenemos que considerar que la participación social significa también participar en la toma de decisiones. Y esta gente no participa en la toma de decisiones, solamente participa a través del voto. Y si los medimos en términos poblacionales, son muchos menos que los que viven en zonas de oasis, que concentran mayores riquezas y mayor cantidad de gente. Ese mecanismo de participación social es complicado; en lo que participan es en la administración del propio territorio. Eso está bien, pero no alcanza para remontar estos problemas. La única forma de lograr ir remontando estas condiciones es con procesos de empoderamiento social y de construcción de soberanía en el desierto.
–Supóngase que hubiera más participación… ¿qué podrían hacer?
–Algunas alternativas tienen que ver con generar proyectos productivos que mejoren la competitividad de estos grupos en los oasis. Todo lo que tiene que ver con los tambos, con sumar valor agregado a los productos locales, con hacer eso en diálogo con pobladores de la zona… Lo importante es que puedan tomar la conducción de sus propios proyectos. Es bastante difícil trabajar en esto, pero creemos que es la solución.
–¿Hay mucha migración del desierto hacia el oasis?
–Muchísima.
–¿Entonces?
–Bueno, hay varias preguntas que hacerse. Por un lado, ¿qué pasaría si la gente no emigrara? Si ya tenemos más de un 40 por ciento de la población por debajo de la línea de indigencia, probablemente tendríamos aún más. Sería interesante que la zona pudiera tener a su población, pero hay que encontrar actividades y recursos naturales. Y eso es difícil, porque la capacidad de carga ya está duplicada: hay más del doble de animales de los que se deberían tener en teoría. ¿A qué se podría quedar esta gente? Cuando se va, ¿a qué se va?
–Y… a buscar el agua corriente, la electricidad, la escuela, la ciudad…
–Sí, en el presente es comprensible que la gente migre en busca de las cosas que hoy la zona no puede dar. Esto es algo que nos cuenta mucho la gente del lugar: los chicos que salen de escuelas de la zona, por ejemplo, no pueden sostener el ritmo de competencia académica de una facultad. La emigración, de algún modo, balancea, amplía el horizonte de posibilidades, pero con dificultades serias.
–El que migra al oasis, en general se ubica en lugares marginales.
–Sí, porque además es mano de obra poco calificada para lo que necesita la ciudad.
–Es un proceso muy general en toda la historia… Los lugares ricos atraen a los pobres, y no parece haber una solución.
–En el fondo, de lo que estamos hablando es de distribución de la riqueza. ¿En manos de quiénes van a quedar esos recursos económicos transformados en dinero? La lucha contra la desertificación es una lucha contra las injusticias sociales.

En: http://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/19-197827-2012-07-04.html

La entrada de las mujeres cambia las agendas.

BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS, ACADEMICO PORTUGUES

“La entrada de las mujeres cambia las agendas”

El reconocido intelectual explica en una entrevista de Página/12 los retos actuales del feminismo y la necesidad de su articulación con otros movimientos sociales.

 Por Mariana Carbajal

Asiduo concurrente del Foro Social Mundial, el académico portugués Boaventura de Sousa Santos es uno de los intelectuales más comprometidos con los movimientos sociales de todo el mundo. Días atrás, fue uno de los poquísimos varones invitados como panelistas en el Foro Internacional de la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID, por su sigla en inglés) que se desarrolló en Estambul y en el que participaron más de 2200 mujeres de 140 países. Casi como una “pop star”, numerosas jóvenes se quisieron fotografiar con él. Por la masiva concurrencia femenina, los baños masculinos del moderno Centro de Convenciones, donde se realizó esa gigantesca cumbre global feminista, fueron habilitados como mixtos. Y Boaventura se sorprendió cuando en un apuro ingresó a uno y se encontró rodeado de mujeres.

En el Foro de AWID, De Sousa Santos exhortó a los movimientos feministas a promover la articulación con otros movimientos sociales que tienen la lucha contra el modelo neoliberal como agenda prioritaria. En una entrevista con Página/12, ahondo en esa idea y en cómo generar esas alianzas. “Este enfoque en los modelos económicos dominantes, que son androcéntricos, patriarcales, homofóbicos, es una agenda bastante fuerte de articulación entre mujeres de varias partes del mundo”, afirmó. Y consideró que “cuando las mujeres entran en las luchas sociales, las agendas de los movimientos cambian”.

De Sousa Santos es doctor en Sociología de la Universidad de Yale y desarrolla sus actividades actualmente en la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra, donde dirige el Centro de Estudios Sociales. Además es visitante de las universidades de Wisconsin-Madison, San Pablo, Los Andes y en la London School of Economics. Entre otros libros, escribió Refundación del Estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del Sur y Portugal. Ensaio contra a autoflagelaçao. Recientemente publicó cinco Cartas a las Izquierdas, en Página/12, donde interpela a las izquierdas en relación con la crisis por la que atraviesa el mundo.

–Retomando su concepto de traducción, ¿qué piensa que deben traducir los movimientos de mujeres?

–El movimiento de mujeres tiene dos tareas muy importantes de traducción. La primera, dentro del movimiento feminista. Sabemos que en su interior hay divisiones enormes. Ahora mismo, en Porto Alegre, estuve con mujeres mapuches que no se conectan de ninguna manera con las luchas de mujeres argentinas porque, según ellas, las mujeres blancas trabajan por los derechos sexuales y otro tipo de demandas que para ellas pueden ser importantes, pero lo más importante es la defensa de la tierra y del agua, y dicen que a las mujeres blancas ese tema no les preocupa. Esto impide cualquier articulación de movimientos de mujeres, porque hay prejuicios de prioridades de lucha.

–Hay distintas prioridades de acuerdo con el contexto en el que se vive…

–Comprendo plenamente que para un feminismo urbano hay otro tipo de demandas importantes. El problema es que noso-tros, después del Foro Social Mundial, estamos convencidos de que es muy difícil hacer prioridades abstractas entre luchas. Hay luchas que ahora pueden ser más importantes para un grupo que para otro, pero nunca se sabe si esa lucha no será también importante para el otro grupo en el futuro. Por ejemplo, si las mujeres mapuches están luchando ahora por el agua, sabemos que el agua no es necesaria solamente para los campesinos. Las ciudades dependen brutalmente del agua. Una de las luchas recientes más exitosas que tuvimos fue en Colombia, donde en Bucaramanga se pudo conectar el movimiento campesino por agua de riego con los movimientos urbanos que luchaban por agua potable. Ese es el primer ejercicio de traducción intercultural dentro del movimiento feminista.

–¿Cuál sería el segundo?

–La segunda dimensión de traducción intercultural es entre el movimiento de mujeres y los otros movimientos sociales. Las mujeres han sido desde inicios del siglo XX un gran movimiento social. El fracaso, de alguna manera, del movimiento socialista en los países del este europeo, combinado con la declinación relativa del movimiento obrero, abrió una brecha para otros movimientos sociales, entre los cuales las mujeres, los indígenas, los campesinos, son los más destacados. Las mujeres han traído una nueva forma de activismo. Es un activismo alegre, de fiesta. Cuando estudiamos el movimiento obrero del siglo XIX, vemos que había teatro, poesía, bailes, porque para los obreros no había otros momentos de cultura, recreo, y fiesta sino dentro de sus organizaciones. Después, el sindicalismo se transformó en una cosa muy seria, diría aburrida, y se perdió la fiesta. Las mujeres han traído de regreso la fiesta, la celebración de la vida, los colores. Fue una nueva energía para el movimiento social en su totalidad que las mujeres aportaron y han logrado cambios en la agenda. Desde la Cumbre Mundial de Mujeres, de Beijing en 1995, hasta hoy, los logros son fundamentales. Pero no podemos decir que fue un éxito total. Porque mismo aquí en Europa, donde estamos –para mí Turquía es parte de Europa–, las mujeres tienen salarios inferiores a los de los hombres por el mismo trabajo, hay formas de machismo en todas las universidades, en las fábricas, en las calles, por todos lados. Ni en Europa nos podemos enorgullecer de haber resuelto el problema del sexismo. Me pregunto cómo vamos a pasar de aquí a una victoria más ancha, más densa, más sostenible en una época que, a mi juicio, será más difícil. Mismo en América latina, esta segunda década aparece más hostil a los movimientos progresistas, con más grupos de derecha. Creo que es necesario más que nunca unificar las fuerzas de los movimientos sociales como también las fuerzas de izquierda y es por eso que vengo escribiendo para Página/12 las Cartas a las Izquierdas. Es parte del mismo proyecto, de mi inquietud, de ver que las izquierdas se van a separar cada vez más y los movimientos también. Es muy importante que las mujeres no consideren avanzar solas por sus propias demandas.

–El problema es que nadie se concentra en las demandas de las mujeres si ellas, nosotras, no lo hacemos…

–Absolutamente. Lo tienen que seguir haciendo. Pero lo que tienen que ver es que involucrándose en otras demandas que no son originalmente suyas hacen dos cosas. Por un lado cambian las demandas. Por ejemplo, observemos las luchas contra el extractivismo en Perú o en Argentina. Cuando las mujeres entran en las luchas, la vida cotidiana, la vida de las familias, la calidad de la alimentación y del agua, entran dentro de la agenda. Porque las mujeres son las que las traen. Creo que la entrada de las mujeres en las agendas cambian esas agendas. Al mismo tiempo, se van sembrando las semillas de solidaridad para que mañana, frente a una agenda feminista, por ejemplo, el derecho al aborto que está en peligro, puedan ir a buscar a otros movimientos, el indígena, ecologista, de derechos humanos, para que se movilicen por ellas también.

–A su criterio, ¿cuáles cree que son los desafíos de los feminismos en América latina?

–La lucha es de dos tipos, muy claramente económica. Sabemos que hay un enfrentamiento muy fuerte, tenaz, en Argentina por supuesto y también en otros países, por un nuevo desarrollismo que debido al impulso de China está muy concentrado en los recursos naturales, que destruye a la Madre Tierra y a la Naturaleza. Es un modelo que desplaza gente de sus fincas, de sus tierras ancestrales, porque es un sistema de plantación de grandes hectáreas, de monocultivo. También tenemos al extractivismo de la minería, del oro, que está también destruyendo las tierras y contaminando el agua. En Argentina está el caso de Famatina, en La Rioja. Estuve involucrado con esa lucha, firmé cartas. ¿Quiénes son los activistas? Si ves las fotos, son mujeres. El primer reto es el modelo de de-sarrollo: este modelo sigue siendo el neoliberal, moderno, colonial. Las formas de desarrollo sostenible ya no son creíbles: lo único que quieren es desarrollo. No tienen ninguna preocupación por el medio ambiente. Las mujeres hoy, porque son una de las más afectadas por el neoliberalismo, por toda la destrucción ecológica, son las que deben meter el modelo económico en su agenda. Y esto puede ser a mi juicio también una traducción intercultural y una articulación interesante entre las mujeres latinoamericanas y africanas. Este enfoque en los modelos económicos dominantes, que son androcéntricos, patriarcales, homofóbicos, es una agenda bastante fuerte de articulación entre mujeres de varias partes del mundo.

–¿Cuál es el otro desafío?

–Hay otro desafío, que es muy importante, que es más de raíz cultural y político. Porque nosotros lo que estamos mirando en la especificidad de Latinoamérica es que con las Constituciones de Ecuador y de Bolivia, lo que está pasando ahora en Chile y en Argentina, hay un intento de reformar el Estado. Nosotros somos sociedad civil, pero sabemos que como tal no podemos florecer si el Estado es un muro que no te deja pasar, que te impide hacer oír tus demandas. Para este Estado patrimonialista y oligárquico, como siempre fue en América latina, hubo dos soluciones: la primera fue el autonomismo, que está bien representado por los zapatistas, o sea, “si el Estado no quiere nada con nosotros, no queremos nada con el Estado”. Ahora en Argentina tienen un debate desatado dentro de los movimientos sociales para saber qué posición tomar sobre el Gobierno y sobre el Estado, que son dos cosas distintas. Para algunos hay que mantener la autonomía que viene del movimiento piquetero, de las empresas recuperadas. Frente al colapso del Estado, al “que se vayan todos”, obviamente que la autonomía es el recurso. Pero otros movimientos, al contrario, parten de la idea de que el Estado es una relación social, y por eso contradictoria, y que el Estado de Kirchner no es lo mismo que el de Menem, y que por eso es posible hacer alianzas.

–El Gobierno acaba de impulsar la expropiación del 51 por ciento de las acciones de Repsol de la petrolera YPF…

–Durante la gestión de Menem, en la que se privatizó todo, hubiese sido imposible pensar una medida de ese tipo. Hay movimientos autonomistas en Argentina para los cuales ese tema no es muy importante. Para otros, incluiría mi persona en esos, una nacionalización de la petrolera es algo significativo, que da una señal de un cambio de relaciones de Estado en Argentina. Los movimientos deben conectarse con eso. ¿Cuál serán los papeles de las mujeres? Aquí las mujeres solitas no pueden. Por más fuertes que sean. Y en Argentina lo fueron. Por la dictadura sabemos muy bien que le ha dado un protagonismo enorme al movimiento de mujeres, empezando con las Madres de Plaza de Mayo. El autonomismo a mi juicio va a dividir más algunos movimientos. Si sos autónomo y no quieres conectarte con el Estado, tú tienes que apoyarte en tus propias fuerzas y quieres consolidar tu base. Si tú estás en un movimiento como el LGBT y recibes plata del gobierno de Belo Horizonte y hay otros que son afrodescendientes, que también reciben plata, tienen un tema para tratar juntos: ¿cómo vamos a lidiar con este problema que es recibir la plata manteniendo la autonomía? El desafío de la economía y el de la reforma del Estado son los dos grandes retos del movimiento feminista y de todos los movimientos en América latina.

–Usted decía que las demandas de los movimientos feministas urbanos tienen que ver con los derechos sexuales y reproductivos, temas que a las mujeres mapuches no les resultan prioritarios para su agenda. Sin embargo, pienso que decidir sobre el propio cuerpo tiene que ver con el concepto de autodeterminación.

–Tienes toda la razón. Lo nuevo en este movimiento es que no hay transformación colectiva sin transformación individual. Aquí tendrás que hacer traducción intercultural con las mujeres mapuches. Tú puedes concebir tu cuerpo, mi cuerpo, como nuestro territorio. No es simplemente el río, el árbol. ¿Tú puedes mantenerlo sin respetar el carácter espiritual, autónomo de tu propio cuerpo o no? Esta es la traducción intercultural. Las mujeres mapuches no son hostiles. Lo que suelen ser hostiles son los discursos públicos. Pero cuando empezamos a transformar el cuerpo en una metáfora del territorio, que además transgrede a lo individual y a lo colectivo, porque nuestro cuerpo es una colectividad: es mío pero yo no vivo sin tanta gente que me alimente, que me viste, etc. Por eso la autodeterminación del cuerpo, que es mucho más importante para las mujeres, porque su cuerpo fue más disputado como mercancía, más veces, más tiempo, por una cultura machista, androcéntrica y patriarcal. Si logras hacer esto, no hay contradicción. Hay diferentes perspectivas con el centro en la autonomía.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-194434-2012-05-20.html

Lo ambiental debe ser social

Lunes, 13 de febrero de 2012

ENTREVISTA AL EXPERTO DE LAS NACIONES UNIDAS, OLAV KJORVEN

“Lo ambiental debe ser social”

Kjorven es director en el PNUD y promueve la próxima conferencia internacional sobre desarrollo sustentable Río+20. Sostiene que las políticas ambientalistas sólo tendrán consenso si son articuladas con la justicia social. El cambio climático.

 Por Pedro Lipcovich

“Las políticas ambientales sólo lograrán consenso si se articulan con políticas para la justicia social”, sostiene Olav Kjorven, director del Departamento de Políticas para el Desarrollo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El destacado funcionario internacional asegura que la conferencia Río+20, sobre desarrollo sustentable, que se efectuará en junio próximo, “puede hacer posible establecer una agenda diferente”. Admite los graves problemas ambientales que enfrenta la humanidad –el crecimiento en la emisión de gases de efecto invernadero, la “crisis de extinción de especies”, la sobreexplotación pesquera, el desmanejo del agua dulce–, pero señala cambios positivos en lugares previsibles –como Noruega– y menos previsibles –como China o México–. Destaca también logros en el orden de la sociedad civil, tanto en el aspecto social –los ocupantes de Wall Street, los movilizados en países árabes– como en el ambiental: la creciente conciencia, en las religiones, de que es responsabilidad de los creyentes velar por la integridad de la Creación… también en términos ambientales.

–En los últimos años, sucesivas conferencias internacionales sobre cambio climático no registran avances significativos, mientras los plazos se acortan cada vez más. ¿Podría revertirse esta situación en la Conferencia sobre Desarrollo Sustentable Río+20, este año?

–Es frustrante ver que el progreso de una reunión a otra es tan lento, que es tan difícil lograr acuerdos fuertes. También debemos reconocer que se trata de cuestiones complejas, asuntos políticos, donde los países tienen diferentes intereses. Sin embargo, desde la Conferencia de Río hace 20 años hasta hoy, hemos visto progresos. El ejemplo más conocido es el del control de la emisión de sustancias químicas que afectaban la capa de ozono. Sobre la base de este éxito, en los últimos años la cooperación internacional logró resultados también en el control de otras sustancias. Otro sector con progresos es el de los bosques: si bien hay mucha deforestación en el mundo, en distintos países hemos visto una reversión: es el caso de China; también México, hace poco, pudo revertir la tendencia a la deforestación. Costa Rica lo logró hace tiempo, y hoy tiene mucho más bosque que hace 20 años. En el caso de la pesca, la explotación descontrolada condujo al colapso de muchas especies, pero también hay ejemplos de sistemas de manejo que aseguran la sustentabilidad: así se lo logró en Noruega, mi país, y en otras partes del mundo. Respecto del consumo de agua dulce, algunos países han establecido políticas que aseguran el agua a largo plazo para la agricultura, la industria y el consumo humano.

–¿Qué otras áreas siguen pendientes?

–El caso más reconocido es el del cambio climático: las emisiones de efecto invernadero crecen cada vez más. En el orden de la biodiversidad, donde la situación es realmente grave, la crisis de extinción de especies ya empezó: si no actuamos rápidamente, en los próximos años presenciaremos un desastre. En 2010, en Nagoya, Japón, se celebró un compromiso internacional que, si se pone en marcha, permitirá revertir la tendencia, pero su cumplimiento depende de que se pueda avanzar la cuestión del cambio climático. En Río habrá que buscar caminos para resolver las cosas de manera integrada, y en el tiempo que resta hasta junio, cuando se celebrará esa conferencia, tenemos que trabajar desde Naciones Unidas para que aquellos buenos ejemplos se extiendan y diseminen. Porque es cierto que lo conseguido no es suficiente y en demasiados campos los resultados son cada vez peores.

–¿Qué medidas concretas habría que tomar?

–Creo que esta conferencia podrá ser ocasión para establecer una agenda diferente. El año pasado ha mostrado una espectacular movilización de la sociedad civil: lo hemos visto con los cambios en el mundo árabe y con la emergencia de un movimiento global sobre la cuestión de la desigualdad, con la ocupación de Wall Street y movimientos similares en el mundo. Por otro lado se registra una movilización de capital privado y de políticas públicas a favor de las inversiones en energías renovables y otras tecnologías para un futuro ambiental más sustentable. En China, por ejemplo, es increíble lo que está pasando.

–¿Sí? Generalmente se atribuyen a ese país posiciones contrarias a la sustentabilidad ambiental.

–Si bien la contribución global de ese país a las emisiones de gases con efecto invernadero sigue creciendo, al mismo tiempo China está poniendo en marcha políticas muy fuertes hacia una economía más limpia, con un uso de energía más eficaz: es impresionante lo que hizo, en poco tiempo, en manejo de aguas y bosques. En esta línea va también la renovación del sistema de transportes, con trenes de alta velocidad, y la construcción de edificios con estándares de eficiencia ambiental muy elevados. Claro que, en una economía tan grande, los efectos de los cambios requieren mucho tiempo, quizás una década o dos. Todavía les queda mucho por hacer, pero muestran que es posible pensar de manera integrada.

–Usted mencionó también cambios en la sociedad civil: ¿podría dar ejemplos?

–Podemos mirar hacia Río como una ocasión para hacer valer lo que ya está pasando en la sociedad civil, en el sector privado y en muchos gobiernos, que en sus países establecen las bases para una transformación económica a futuro. Esto puede permitirnos capitalizar las cosas que han empezado a funcionar en estas dos décadas. Las religiones están actuando en términos que hace poco eran inimaginables. En la Iglesia Católica hay un reconocimiento de la responsabilidad del creyente con respecto a la Creación, en términos ambientales. Los católicos empiezan a hacerse cargo de la selva amazónica, no sólo en su dimensión secular sino como patrimonio espiritual. Y lo mismo está pasando en el Islam, el taoísmo, el hinduismo y otras religiones. Hay que trabajar mucho hasta la Conferencia de Río para consolidar esta mentalidad. Por eso es importante que representantes de los gobiernos se reúnan aquí, en Nueva York, para preparar esa conferencia.

–¿Cómo incide en esto la crisis económica mundial? En Estados Unidos, por ejemplo, hay datos de que las cuestiones ambientales tienden a quedar relegadas…

–Es un desafío que tenemos que vencer. No se puede impulsar una agenda verde si no se la vincula con una agenda para la equidad social, para el empleo, para la gente. Los votantes rechazarán toda agenda que se limite a cuestiones ambientales, sin beneficiar a la mayoría. Entonces, en Río, hay que lograr soluciones integradas: una agenda que sea, al mismo tiempo, para el planeta y para la gente. Por ejemplo, desde la perspectiva del cambio climático, es muy importante que los países reduzcan las subvenciones a las empresas petroleras que, al mantener artificialmente bajos los precios de combustibles no renovables, hacen más difícil el desarrollo de la energía renovable. Pero cuando se quita la subvención, el precio de los combustibles aumenta: en Nigeria, por ejemplo, la baja de esas subvenciones, muy ligada a la reducción del déficit presupuestario, dio lugar a demostraciones callejeras violentas. Es que la gente no hará suyas políticas incompletas: si aumenta el precio de los combustibles, hay que demostrar que se invierte en otra cosa: educación, protección social, sistema de pensiones. Hay que integrar la perspectiva ambiental con la perspectiva social.

–¿Cómo evalúa la situación de América latina y de la Argentina en particular?

–Es impresionante lo que la Argentina logró en el orden económico social durante los últimos años: subió el producto, bajó la tasa de desocupación, se redujo la pobreza y la desigualdad. Esto muestra que este país puede acceder a transformaciones rápidas, y esto también debería ser posible en el orden ambiental. No tengo datos específicos sobre medio ambiente en la Argentina pero, si logra combinar las políticas de justicia social con políticas que mejoren las condiciones ambientales, podrá configurar, como proyecto nacional, la creación de una sociedad más justa y también más sostenible.

Carta abierta ante la Megaminería

Institucional
Carta abierta ante la Megaminería

A los ciudadanos y autoridades:

La elocuencia de los hechos de estos días muestra que el conflicto sigue en pie. Esta es la hora de tomar conciencia para asumir como pueblo una decisión social y política que nos merecemos.
Como miembros del Centro de Bioética de la Universidad Católica de Córdoba (UCC) queremos expresar nuestra preocupación y contribuir al debate que plantea el avance de los proyectos de Megaminería y sus consecuencias, como en el caso de La Rioja y Catamarca.

Sin abordar un análisis minucioso del caso -no es nuestra intención-, valga recordar algunas consecuencias de la Megaminería con evidencia científica: ante todo el consumo del agua, que puede involucrar nada menos que 300.000 m3 por día, en algunos emprendimientos en curso, y la utilización y generación de peligrosos contaminantes como el Cianuro que provocan graves desequilibrios en agua y suelo y son altamente tóxicos para los seres vivos, producen enfermedades mortales.

Por otro lado esta minería, a cielo abierto, desplaza las actividades económicas locales, afectando la cultura y la identidad de comunidades para las cuales la tierra es el centro de su vida. No se respetan los derechos culturales, sociales y económicos, ni el derecho a la tierra y al agua, ni la libertad de expresión de las poblaciones locales.

Algunos emprendimientos Megamineros que llevan más de 10 años de actividad en nuestro país han mostrado devastadoras consecuencias y míseros beneficios para las regiones involucradas. La lista de daños a la actividad productiva, a los ecosistemas naturales y las consecuencias en la salud de la población involucrada son alarmantes.

Nuestro país es muy codiciado por las grandes transnacionales mineras por la gran cantidad de posibilidades de sus recursos y sobre todo por la legislación permisiva sancionada a partir del 1993 que establece beneficios para las empresas mineras, especialmente a través de increíbles exenciones fiscales. No existe aún un marco regulatorio indispensable para el control de esta actividad y el resultado es una larga lista de violaciones de los derechos humanos.

Sin embargo, desde la reforma de 1994, la Constitución Nacional de la República Argentina reconoce como Derecho Humano “el derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”.

Hace 5 siglos la ambición imperialista de entonces, en busca de oro y conquista, devastó a los pueblos originarios de Nuestra América. Hoy los imperios son otros, las empresas trasnacionales de la Megaminería se inscriben en esa lista. Los sobrevivientes de aquellos pueblos y los que habitamos estas tierras somos de nuevo amenazados, lo trágico es que quienes ejercen la autoridad no han aprendido las lecciones de la historia. La gente del pueblo en cambio, sí lo hizo y ya ha decidido.

La Megaminería juzga el desarrollo meramente en términos de rentabilidad económica. No puede ser lícita una actividad que no tiene en cuenta el costo ambiental y social que involucra.
No hablamos de prohibir la minería en general, sino un determinado tipo de explotación a cielo abierto, contaminante, que extrae principalmente oro, que sirve para bienes suntuarios y para acumular divisas.

Si nos consideramos una sociedad que protege y defiende la vida, ante la sola presunción de que estamos frente a un daño grave y de un peligro para la vida de personas, debemos al menos, considerar el principio de precaución y tomar TODOS los recaudos necesarios.

La Bioética, particularmente desde un paradigma latinoamericano, debe aportar su voz ante esta realidad, es una amenaza a la vida y a las condiciones de vida, a nivel biológico, social, cultural y político. Se trata de muchas vidas, la de comunidades enteras que se ven vulneradas y en peligro de supervivencia. Y si la Bioética nació para tender un puente hacia el futuro es deber de quienes la sostenemos defender ese futuro, el de nuestra casa o madre común, la tierra y el de los seres que la habitamos.

Como Miembros del Centro de Bioética UCC, compartimos la preocupación social y apoyamos la resistencia que se ha generado. Creemos que la voluntad de los pueblos no puede ser desoída, subestimada ni avasallada.

Por esto nos sumamos a quienes manifiestan y piden que se detengan las actividades Megamineras en nuestro país y llamamos a todos, para que se hagan escuchar muchas voces, que se unan a las voces de los pueblos que están de pie, para que se discuta y se decida en los ámbitos correspondientes su licitud, a la luz de los Derechos Humanos, los derechos y cosmovisiones de los pueblos y los derechos de la tierra.
Firman:
Mónica Heinzmann, Diego Fonti, Adolfo Facello, Juan Carlos Stauber, Paula Cooke, José
Alessio, Andrés Toledo.
(Centro de Bioética de la Universidad Católica de Córdoba)

Si querés adherir a esta carta por favor completá este breve formulario

 

http://www.ucc.edu.ar/portalnuevo/noticias.php?not=2088&sec=29&vermas=1&PHPSESSID=d1af66948d476d78ecdadea677421327

Información pública ambiental. FARN (Fundación Ambiente y Recursos Naturales )

Información pública, acceso, FARN

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