Forum Social Temático 2012. Porto Alegre – Brasil (1)

 ECONOMIA › REPORTAJE A JOSE GRAZIANO, DIRECTOR DE LA FAO Y LA FIGURA QUE ABRIO EL FORO DE PORTO ALEGRE

Los mercados financieros contaminaron el comercio de materias primas

En la apertura del Forum Social Temático, Graziano proclamó el compromiso de la FAO con cooperativistas y pequeños productores para acabar con el hambre. Página/12 lo entrevistó y el ex ministro de Lula explicó las claves de su promesa.

 Por Martín Granovsky

Desde Porto Alegre

Un actual funcionario de Naciones Unidas que en 2002 diseñó el Plan Hambre Cero de Lula y en 2003 integró su gobierno a cargo de un Ministerio Extraordinario de Seguridad Alimentaria y Combate al Hambre, José Graziano, 62 años, nacido en los Estados Unidos de padres brasileños de origen calabrés, se convirtió ayer en la figura fuerte de la apertura del Foro Social Temático de Porto Alegre que hasta el domingo discutirá sobre “Crisis capitalista, justicia social y ambiental”.

Desde el 1º de enero y con mandato hasta 2015, Graziano es director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO por su sigla en inglés, un puesto al que llegó promovido por Lula y Brasil y apoyado por una campaña de otros países, entre ellos la Argentina.

Ayer dijo a los participantes del Foro que la FAO debe comprometerse a combatir el hambre en el mundo ayudando a las cooperativas. Y a la tarde, en una entrevista exclusiva con Página/12 celebrada en el bar Santa Cruz del viejo mercado de Porto Alegre, al lado del negocio “Loja de la reforma agraria”, cuyo trabajo los lectores pueden conocer en esta misma edición, Graziano agregó que “los mercados financieros contaminan el comercio de materias primas”.

–¿La FAO es la responsable de impulsar el fin del hambre en el mundo? ¿Esa es su tarea?

–Bueno, lo que trato de hacer es recuperar las funciones originales de la FAO. Quiero volver al principio. En 1945, cuando fue creado el organismo, la misión era, justamente, terminar con el hambre en el mundo.

–Que obviamente no se cumplió.

–No, claro que no. El planeta progresó mucho en la producción de alimentos y al mismo tiempo sigue aumentando la cantidad de hambrientos. O sea que no es un problema de producción.

–Si el problema no es de producción, ¿de qué es?

–De acceso a los alimentos. Vamos a ver si el enorme trasatlántico que es la FAO tiene éxito en plantear bien y en ayudar a resolver la cuestión del acceso a los alimentos.

–¿De qué depende el acceso a la comida?

–Como en toda problemática de acceso que pueda existir en el mundo, lo principal es resolver la mala distribución del ingreso y de la renta. La FAO tiene que ver con la naturaleza y sobre todo con el agua, la tierra y los bosques. ¿Qué pasa con el uso del agua, la tierra y los bosques que los ciudadanos del mundo no acceden a los bienes que necesitan? Nosotros pensamos mucho en la tierra, pero también ocurre lo mismo con países que tienen problemas de acceso a los recursos marinos cuando no sólo tienen que comer del mar sino, tal vez, vivir del turismo. Son temas que estamos viendo a partir de que la FAO emitió lo que llama directrices voluntarias para el acceso a la tierra y a los recursos naturales.

–¿Hay problemas especiales, por ejemplo de la Argentina y Brasil, o de Sudamérica?

–En un informe que la FAO acaba de concluir, uno de los puntos importantes es cómo evitar el acaparamiento de tierras en manos de grandes empresas, extranjeras o nacionales. Es un problema de alto impacto en la Argentina y en Brasil. Cada zona tiene su dificultad específica. América latina tiene una buena institucionalidad y Africa todavía requiere de una legislación moderna. Pero fíjese que en América latina el problema de los límites a la extensión de tierras es tal que en general no se sabe cómo está registrada la propiedad de los terrenos. Uruguay está avanzando en este tema.

–La Argentina se propone mejorar los registros y el conocimiento en la última Ley de Tierras.

–¿No ve que es un tema? Si ni siquiera sabemos en serio lo que hay, ¿cómo podemos cambiar las cosas? ¿Cómo podemos usar esa información para promover a los que necesitan mejorar su acceso? ¿Cómo podemos ayudar a los pequeños agricultores?

Chicos y cooperativos

Graziano habla con fuerza cada vez mayor de los pequeños agricultores. Ayer, en su discurso en el Foro Social Mundial, habló de su compromiso en la formación de cooperativas agrarias como herramienta para combatir el hambre en el mundo. “La FAO necesita cooperativas y organizaciones de productores fuertes como socios clave en el esfuerzo para eliminar el hambre que sufren cerca de 925 millones de personas y responder a los numerosos desafíos del mundo de hoy”, dijo. Las informaciones de la FAO señalan la existencia de 800 millones de cooperativas rurales en el mundo, 300 de las cuales obtuvieron en 2008 beneficios por 1100 millones de dólares. Según Graziano, es preciso “localizar y divulgar las pruebas evidentes del impacto de las cooperativas y de las organizaciones de productores en la seguridad alimentaria a nivel mundial” y “fortalecer los lazos con estos grupos”.

Este año, 2012, fue establecido por la ONU como Año Internacional de las Cooperativas. De acuerdo con el pensamiento de Graziano, el cooperativismo reduce precios de insumos y estimula el ingreso y el empleo en general y entre los propios campesinos.

El director general de la FAO relaciona en todo momento la solidez que surge de la propia sociedad, y de la que sería un caso el florecimiento de pequeños productores y el resultado final de mayor estabilidad.

–Como mínimo desde de la crisis de Lehman Brothers de 2008, cuando los presidentes sudamericanos se reúnen suelen compartir su preocupación por la relación entre el mercado de granos y la especulación financiera.

–Es otro tema muy importante. Los mercados financieros contaminaron el comercio de commodities, de materias primas. Los mercados a futuro, que antes servían para anticipar el futuro, hoy marcan la medida de las altas y las bajas y amplifican la variación de precios. Si a esa amplificación usted le agrega la volatilidad tendrá delante suyo un grave problema.

–Un productor podría replicarle que un alta de precios no es un problema para él.

–Los productores no suelen ser los que plantean eso, porque saben que la agricultura necesita del planeamiento, la estabilidad, que a la larga es lo que más los beneficia. No se puede dejar que fluya solo el libre mercado. Por ese libre mercado un vendedor quizá quiera salvarse en el día, pero esa forma de pensar y actuar destruye una enorme cantidad de fuerzas económicas y sociales. Claro que si es un financista tratará de cuidarse contra la variación brusca a través de los seguros, y en ese cuidado distorsionará aún más la realidad y se distanciará de los productores, que no tienen acceso a los seguros y sólo quieren previsibilidad. ¿De qué le sirve al productor que el alza de una materia prima sea aguda y que la baja sea aguda? ¿En qué le mejora la vida que en la cadena de comercialización alguien quiera obtener diferencias en un día y para eso genere derivados financieros que contaminarán aún más la actividad agraria? Son partes de la actividad que interesan a los grandes intermediarios, pero no a los productores, y menos todavía a los productores pequeños.

–Usted diseñó el plan Hambre Cero que aplicó Lula desde 2003. ¿Cuál es su conclusión política, nueve años después?

–Que con movilización social y apoyo político se puede avanzar sin invertir grandes recursos financieros desde el Estado y que los avances son notables. El costo es muy pequeño frente a lo que se logra. Lula prometió algo tan sencillo como que los brasileños llegaran a tener garantizadas tres comidas diarias. Garantizarlas significa que bajen las enfermedades sociales, que los niños condenados a la muerte o al fracaso tengan futuro y pueden aprender en la escuela y que la sociedad genere bases sociales y políticas que le permitan alcanzar con solidez otras metas. Por ejemplo, Brasil tiene hoy menos criminalidad. ¿Acaso no hay relación entre la baja de la criminalidad y la solución progresiva del hambre? Los brasileños son hoy más optimistas que antes sobre su futuro. ¿Sabe lo importante que es eso? Cuando un pueblo es optimista puede construir, puede avanzar. Puede plantearse nuevas políticas sociales.

martin.granovsky@gmail.com

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-186212-2012-01-25.html

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